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Apoyar la integración en el país de asilo
por María Verónica Espinel, Juan Pablo Gallegos, Jeremy Harkey, Verónica Triviño y Elizabetta Zevola
Jeremy Harkey, voluntario VNU con ACNUR en Santo Domingo, en una capacitación de panadería para refugiados. (programa VNU) Los voluntarios VNU Elizabetta Zevola y Juan Pablo Gallegos preparándose para una misión al campo. (programa VNU)Santo Domingo, Ecuador: En el Ecuador se estima que hay 130.000 refugiados colombianos, residiendo en varias regiones del país. Estas personas vinieron a Ecuador para buscar la restitución de sus derechos humanos que fueron violentados en su país de origen. Necesitan recibir protección legal y acceso a educación, salud, trabajo y bienestar en este país que los acoge. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) trabaja en Ecuador apoyando el sistema nacional de asilo. Pretende asegurar que los refugiados y solicitantes de asilo reciban la protección que necesitan, tengan acceso a los derechos y alcancen la integración en su país de asilo. A través de agencias socias, el ACNUR ejecuta proyectos sociales que tienen como meta apoyar a la población refugiada, y también a la gente ecuatoriana que la acoge en sus comunidades. En Santo Domingo, cinco voluntarios del programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU) trabajan para ACNUR. Algunos trabajan durante años como voluntarios, y otros sólo unos meses. Juan Pablo Gallegos es voluntario VNU desde hace un año. Él comenta que decidió ser voluntario con ACNUR y hacerlo parte de su carrera. Juan Pablo dice que “trabajar como voluntario es una de las misiones más importantes de mi vida porque enriquece mi espíritu de solidaridad y es una gran experiencia profesional”. Los voluntarios VNU de ACNUR en Santo Domingo consideran que su trabajo conlleva una gran responsabilidad; es claro para ellos que tienen un fuerte impacto sobre las vidas de los refugiados y sobre el sistema de asilo ecuatoriano. Parte de sus actividades consiste en promover que los solicitantes y refugiados reciban la protección legal que necesitan, y que tengan la confianza para exigir sus derechos en este país que los acoge; además trabajan también conjuntamente con las autoridades y la sociedad civil para que conozcan qué es un refugiado y por qué tuvieron que huir de su país. Entre los compromisos de María Verónica Espinel está asesorar a la población sobre los derechos y responsabilidades de todos frente al asilo. Ella describe la satisfacción que tiene al ver que puede cambiar y mejorar en alguna medida la situación de los refugiados en Ecuador. “Me siento muy afortunada de tener esta oportunidad, y aplicar lo que sé y lo que soy en mejorar la vida de los demás”. No todo lo que hacen los voluntarios VNU en ACNUR es simple de lograr. Requiere mucho esfuerzo, largas horas de trabajo y un fuerte compromiso personal. A veces es frustrante y emocionalmente difícil. Verónica Triviño, quien se encarga de entregar la documentación legal a los solicitantes de asilo y refugiados, explica que trabajar con refugiados es difícil pero muy satisfactorio. Verónica dice que “Antes de ser voluntaria VNU creía conocer las capacidades de afrontamiento humanas; ahora sé que la luz y la esperanza están presentes aún más cuando hay desarraigo y miedo”. Los voluntarios VNU de Santo Domingo comparten la vocación de solidaridad y alegría, formando un equipo homogéneo de jóvenes creyentes en la paz, la justicia y la igualdad. Hacen del trabajo diario una experiencia gratificante y enriquecedora, con mucho respeto y compromiso los unos con los otros. Saben que cada uno tiene habilidades diferentes que son aplicadas en beneficio del mandato de ACNUR y de su población de interés. Elizabetta Zevola trabajará unos meses en Santo Domingo; ella afirma que “Los voluntarios VNU de Santo Domingo somos un ejemplo de trabajo mancomunado; somos afortunados de tenernos los unos a los otros y estamos orgullosos del trabajo que realizamos”. Las responsabilidades de los voluntarios VNU de ACNUR son claras pero flexibles. En la práctica, pueden ampliar sus actividades como lo consideren apropiado para responder a las necesidades de la comunidad local, la población refugiada o las instituciones. De un lado, a veces participan voluntariamente los sábados y domingos en capacitaciones o actividades en grupo con refugiados. Reconociendo la importancia de su participación, no se limitan al horario oficial de trabajo. De otro lado, los voluntarios VNU han respondido a necesidades básicas que reconocen en la población refugiada y ecuatoriana, recogiendo ropa o vajilla usada para entregar gratuitamente. Por último, cuando ven que pueden promocionar el voluntariado como respuesta a problemas que afronta la población refugiada, lo hacen. Al respecto, Jeremy Harkey comenta que “Los refugiados se integran en comunidades que tienen necesidades básicas que ellos mismos pueden trabajar para resolver. Algunos problemas de salud pública pueden ser evitados con mingas de recolección de basura; las tensiones interculturales pueden ser minimizadas con actividades de capacitación e integración social realizadas por la misma comunidad”. Los voluntarios VNU consideran que el voluntariado es una manifestación de responsabilidad social, una buena oportunidad para conocerse a uno mismo y a los demás. Trabajar con poblaciones que necesitan resarcir sus derechos es una gran experiencia como humanos y como profesionales, y una gran enseñanza de vida. Ellos sienten que colaborar con el ACNUR es un privilegio que les permite aportar al desarrollo de la región y del mundo, aplicar sus conocimientos y esfuerzos en la búsqueda de una sociedad más justa y solidaria. |
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