Belén Marco, voluntaria universitaria en Perú

María Ten Palomares, voluntaria universitaria, ofrece información sobre la labor del programa VNU en el Festival de la Buena Voluntad en Villa El Salvador. (foto de Enrique Fernández Muñoz, voluntario VNU internacional)María Ten Palomares, voluntaria universitaria, ofrece información sobre la labor del programa VNU en el Festival de la Buena Voluntad en Villa El Salvador. (foto de Enrique Fernández Muñoz, voluntario VNU internacional)Una niña lee información sobre la labor del programa VNU y sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el Festival de la Buena Voluntad, que tuvo lugar en Villa El Salvador. (foto de Enrique Fernández Muñoz, voluntario VNU internacional)Una niña lee información sobre la labor del programa VNU y sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el Festival de la Buena Voluntad, que tuvo lugar en Villa El Salvador. (foto de Enrique Fernández Muñoz, voluntario VNU internacional)
16 diciembre 2008

Lima, Perú: Villa El Salvador es uno de esos lugares que imaginas que existen pero que nunca acabas de visualizar en tu mente… hasta que llegas allí.

Este asentamiento de población (puede decirse que uno de los más grandes de la ciudad), que se encuentra situado en el sur de Lima, ha llegado a convertirse en una gran zona urbana. Con su programa de autogestión y el esfuerzo de sus gentes, la ciudad poco a poco ha obtenido agua,  electricidad y desagües. Como diría Michel Azcueta, elegido alcalde de Villa El Salvador en tres ocasiones y de nacionalidad española: “Villa El Salvador  crece desde los arenales construyendo una comunidad, avanzando en la construcción de una ciudad”.

Sin embargo la realidad vista de cerca es otra: muchas casas aún no tienen luz y agua, muchas casi ni se sostienen en pie y, por otra parte, la tierra y el polvo convierten Villa El Salvador prácticamente en un desierto.

Marta González, Oficial del programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU) en Perú, nos ha invitado a participar en el Octavo Festival de la Buena Voluntad organizado por CENAVOL (Centro Nacional de Voluntariado) en uno de los colegios que hay en Villa El Salvador.

Así que María y yo, que nos encontramos aquí como voluntarias universitarias, nos hemos desplazado junto con el resto de voluntarios del programa VNU a Villa El Salvador con el fin de dar a conocer la labor que los voluntarios VNU llevan a cabo en diversas regiones del planeta. También es bien cierto que son los mismos habitantes de la Villa los que nos han dado a conocer la labor que es necesaria hacer allí y la labor que como seres humanos realizan al vivir en semejantes condiciones. Podría decirse que es una de esas actividades en las que el receptor acaba mostrando más al emisor que viceversa.

El colegio RDA (República Democrática Alemana) ha sido el lugar donde se han realizado las Jornadas de Buena Voluntad: un año más el CENAVOL ha reunido sus esfuerzos voluntarios para lograr apoyos de diversas instituciones privadas y públicas y organizar multitud de actividades para proveer de atención médica y medicinas gratuitas a más de cien mil personas con escasos recursos, además de contar con talleres didácticos para los asistentes.

Esto significa, en otras palabras, que donde otros días los niños corretean por el patio y se dirigen a sus aulas para aprender a leer y escribir, este fin de semana esas mismas aulas han servido para menesteres muy diferentes: donde ayer se escribía en un cuaderno, hoy se auscultaba. Donde ayer había un maestro, hoy un médico.

Los pupitres, pizarras y demás elementos constituyentes del aula han sido, por dos días, testigos de revisiones médicas, ya sean de oftalmología, odontología o ginecología.

Nosotros, encargados de acercar a la población la realidad del programa de Voluntarios de las Naciones Unidas también hemos jugado con los niños, plantado arbolitos y recorrido cada una de las aulas. También ha llegado la hora de irnos.

Omar, que tiene 8 años, me pregunta si voy a volver en Navidades. Dice que se lo ha pasado muy bien y que le lleve algún regalo.

La ayuda que podemos brindar, nosotros como voluntarios y el resto de personas que se encontraban este fin de semana en las Jornadas de Buena Voluntad, no deja de ser asistencial. Mañana esos niños asistirán al colegio como cualquier otro día. Nosotros sabemos que probablemente hasta el año que viene no habrá otro doctor que les revise los empastes.

Hace tiempo que se conoce Villa El Salvador por su afán de superación como grupo poblacional. Sus gentes han permanecido unidas y  su auto-gestión como medio de organización social, representada sobre todo en la historia de la CUAVES (Comunidad Urbana Autogestionaria Villa El Salvador), es digna de conocer. Creer  en el desarrollo local como parte de un modelo de desarrollo nacional y mundial diferente les hace avanzar como grupo.

No se extrae otra reflexión mejor de estas jornadas que la de confiar en la labor del buen hacer del voluntario y en el papel que las diversas instituciones juegan en el desarrollo de proyectos tan importantes como Villa El Salvador en Lima, sin olvidar que son las mismas personas que allí viven las que luchan por avanzar cada día.

Villa El Salvador recibió el premio Príncipe de Asturias de La Concordia, que se otorga cuando la labor de una institución ha contribuido de forma ejemplar y relevante al entendimiento y a la convivencia en paz entre los hombres, a la lucha contra la injusticia, la pobreza o la enfermedad.

Se ha dicho que Villa El Salvador es un árbol bien plantado, que no todos los años da muchos frutos, que a veces es necesario cortar alguna rama seca, que en otras ocasiones hay que limpiarlo de parásitos y recoger la basura que algunos tiran a su alrededor, pero es un árbol bien plantado, robusto, con mucha fuerza, capaz de regenerarse y de dar muchos y nuevos frutos…

El Programa VNU está administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)