Djibo Abdou, procedente de Níger, es oficial de asuntos judiciales con la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití. En su opinión, “ser voluntario significa ante todo ser consciente del ideal de paz contenido en la Carta de las Naciones Unidas, y creer en él.” (Programa VNU)19 septiembre 2008
Actualmente estoy destinado en la unidad de apoyo al sistema judicial de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití. Mis tareas consisten principalmente en llevar a cabo un control de las jurisdicciones de Puerto Príncipe y de Petit Goave, ciudad situada a unos sesenta kilómetros de la capital. No me encargo solamente de realizar visitas a los diferentes servicios judiciales, sino también de proporcionar asistencia en los procesos, principalmente penales, con el fin de evidenciar las irregularidades. Luego el responsable de la sección informa y da a conocer las informaciones recopiladas y analizadas a las autoridades haitianas, para que éstas puedan tomar las medidas oportunas. También participo en los debates que se llevan a cabo, no sólo en relación con temas de detención preventiva, sino también sobre justicia de menores.
Debo precisar que mi labor aquí se inició hace únicamente diez meses y que, como ustedes saben, la obtención de resultados visibles en el ámbito de la justicia suele ser lenta; esto lo sé de primera mano tras ocho años de experiencia en el sistema judicial de mi país. La diferencia sólo la podemos marcar en el día a día, mediante la constancia de nuestros esfuerzos. La aplicación de la justicia es un proceso delicado y sus responsables deben hacer gala de una gran fortaleza. Yo sé desde hace tiempo que es difícil para un actor judicial convertirse en una estrella; eso aún me parece más evidente ahora que trabajo en un sistema afectado por largos períodos de conflictos. Debo hablar de una anécdota que me parece muy significativa: un día mi jefe de unidad me pidió que asistiera a un proceso muy delicado por tratarse de un juicio a los presuntos asesinos de un periodista; durante las vistas, me sorprendió enormemente observar cómo los abogados y los representantes del gobierno respondían a llamadas con sus teléfonos móviles, sin que el Presidente de la sala les llamara la atención. Me di cuenta del largo camino que queda por recorrer para que el sistema judicial haitiano recupere la solemnidad y la serenidad que requiere la justicia. Por ello, hay que pensar en un trabajo a largo plazo, y trabajar de forma más discreta, para que sean los ciudadanos los que valoren la situación por sí mismos.
En mi opinión, ser voluntario significa ante todo ser consciente del ideal de paz contenido en la Carta de las Naciones Unidas, y creer en él. En segundo lugar, convencerse de que ningún ser humano tiene futuro en un mundo sin paz. Por ello, lo ideal sería que cada voluntario luchara por crear una isla de paz en su área de intervención. Finalmente, decir que el voluntario es aquel que no se apiada de la suerte de aquellos a los que apoya, sino el que les ayuda a hacer frente a los problemas reales.