Piscifactorías y rotación de cultivos en las fincas cafeteras de Ecuador
por Raúl Egas

24 agosto 2004

Bonn, Alemania: El belga Raúl Egas sirve como Voluntario de las Naciones Unidas (VNU) en Ecuador. Su tarea de Oficial de Programas para reducir la pobreza lo lleva a ayudar a los pequeños productores del café para que desarrollen sus pequeñas fincas cafetaleras familiares. En tres provincias de la frontera del norte, los productores de café sufren para alimentar sus familias. Con el proyecto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el VNU Raúl Egas dirige sus esfuerzos a introducir nuevas técnicas de cultivos en las fincas para establecer una economía sostenible en las provincias. Además de mejorar la calidad del café, los productores aprenden a cultivar huertos y a producir pescado por medio de la piscicultura.

El “modelo técnico” de este proyecto atiende a 3.200 familias directamente y en su posible réplica, a unas 35.000 familias de caficultores, unas 180.000 personas. Este modelo de reconversión (que consiste en ofrecer a los campesinos otros cultivos rentables y mejoramiento de sus técnicas agropecuarias) puede aplicarse a fincas cafetaleras de pequeños productores, a cacaoteras, bananeras o de otros productos con tendencia al monocultivo. El monocultivo del café vuelve al campesino dependiente en extremo de las oscilaciones en los precios.

Dos elementos son innovadores: la búsqueda de una economía autosuficiente en las fincas familiares a través de una buena investigación sobre el terreno y una buena selección de trabajo y de productos para que el campesinado pueda vivir de su finca y la intención de ir más allá del café, de la diversificación existente y de la diversificación propugnada en varios proyectos auspiciados por la Organización Internacional del Café, ICO. Las fincas no serán ya de monocultivo, el campesino podrá salir al mercado con otros productos, incluidos productos de huerta y el pescado producido mediante piscifactorías.

La primera etapa del proyecto se realizará en un pequeño número de fincas “modelo”, para verificar en un año la posibilidad de reconversión, técnica y económica, y la aceptación de las medidas por parte del campesinado.

El campesino ve difícil cambiar su tradicional rutina de cultivo sin más por una propuesta llegada de fuera. Por eso es primordial el establecimiento del periodo de prueba para que se produzca la reconversión. Si hay beneficios, la opción propuesta será aceptada. Además, junto a la venta de los productos se debe hacer una investigación sobre el impacto de nuevos cultivo y su incidencia en el medio ambiente, las ganancias de los intermediarios, etc.

Fue en los años 70 cuando el alto precio del café llevó a todos los campesinos al monocultivo. Así el café se convirtió en la base de la economía domestica. Pero desde 1996 el excedente de grano produjo una caída sostenida del precio internacional, llevando a los pequeños productores a la quiebra, y todo porque la producción era únicamente de café.

Las nuevas alternativas productivas de la reconversión de las fincas definen con precisión cómo pueden éstas posicionarse en los mercados locales, nacionales o internacionales aprovechando sus ventajas comparativas y buscando producir lo que no producen los competidores. El proyecto no cambiará la situación de 30.000 campesinos pobres, pero sí la de 2.500, pudiendo convertirse en el fermento del cambio de todo un sector.

El Programa VNU está administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)