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Visibilizar la contribución voluntaria de las mujeres al desarrollo
por Ximena Palacios

Mujeres campesinas de una organización de mujeres de la parroquia de Sidcay, durante una sesión de capacitación para identificar las fortalezas y las necesidades de las mujeres de la comunidad. (programa VNU)Mujeres campesinas de una organización de mujeres de la parroquia de Sidcay, durante una sesión de capacitación para identificar las fortalezas y las necesidades de las mujeres de la comunidad. (programa VNU)Ximena Palacios (tercera por la izquierda), que trabajó como voluntaria VNU  con UNIFEM, junto a presidentas y lideresas barriales de la zona urbana de Cuenca durante el  proceso de capacitación para la implementación del Plan de Igualdad de Oportunidades. (programa VNU)Ximena Palacios (tercera por la izquierda), que trabajó como voluntaria VNU con UNIFEM, junto a presidentas y lideresas barriales de la zona urbana de Cuenca durante el proceso de capacitación para la implementación del Plan de Igualdad de Oportunidades. (programa VNU)
12 marzo 2009

Cuenca, Ecuador: La Constitución y las leyes ecuatorianas posicionan al Ecuador como un país avanzado en cuestión de derechos, incluidos los derechos de las mujeres. Sin embargo, el proceso por alcanzar la equidad ha tenido sus avances y retrocesos, y las mujeres menos favorecidas sufren discriminación por su etnia, por su nivel económico, por el área geográfica en la que viven (las mujeres rurales tienen menos acceso a la salud, a la educación y a los servicios básicos), o por su nivel educativo (el doble de analfabetas mujeres en relación a los hombres).

En el marco del programa regional de presupuestos sensibles al género, desarrollado por UNIFEM en varios países de Latinoamérica, mi misión se desenvolvió en el Municipio de Cuenca, en el área de Gestión y Planificación por la Equidad Social y de  Género. Mis funciones tenían que ver con el fortalecimiento de las capacidades de las mujeres, tanto de zonas urbanas como rurales, para su incidencia en procesos de toma de decisiones y presupuestos públicos.

Varios son los ejes de trabajo con las mujeres de las organizaciones: el desarrollo personal y el fortalecimiento organizacional a través de talleres de autoestima, relaciones de género, organización y asociatividad con mujeres de las parroquias rurales de Sidcay y El Valle. En el área de los presupuestos participativos sensibles al género, se trabajó la incorporación de talleres sobre participación, planificación, presupuestación y priorización de obras dentro del proceso participativo.

En el marco de la implementación del Plan de Igualdad de Oportunidades, se impulsó la formación sobre derechos de mujeres a través de talleres, seminarios y reuniones con el Cabildo por las Mujeres, con el que se realizó un trabajo importante sobre aportes a la Nueva Constitución en temas de género. En las acciones para el desarrollo personal y organizacional, las mujeres participaron en procesos de emprendimientos productivos para mejorar su autonomía económica.

Se trabajó también con autoridades parroquiales y cantonales, que posibilitaran, a través de ordenanzas y políticas, la institucionalización del enfoque de género en los procesos participativos, con lo que se consiguió insertar en estos procesos varios elementos para la equidad de género a través de mecanismos y herramientas institucionales, así como la formulación de propuestas por parte de las mujeres para las juntas parroquiales, que destinaron un presupuesto para estas demandas. Y, sobre todo, se logró mayor presencia activa de las mujeres en espacios de toma de decisión.

La presencia del voluntariado en los temas de género ha permitido dar visibilidad al aporte que día a día hacen las mujeres para el desarrollo de su comunidad, valorando sus acciones, sus saberes, su lucha por un mundo más justo. Fue importante impregnar el “espíritu” de solidaridad en esferas que suelen ser poco equitativas y resaltar el trabajo proactivo de las comunidades.

En las capacitaciones dirigidas a las mujeres de base, se buscaban espacios para interactuar con las autoridades de las parroquias, en los cuales, ellas, empoderadas  y apropiadas de sus demandas, las planteaban a las autoridades, exigían el cumplimiento y les hacían comprometer sus asignaciones económicas. Muchas veces yo pensaba que las autoridades nos iban a cerrar las puertas porque no les “convenían” estas situaciones, pero al contrario, aceptaban de manera positiva que se promoviera la participación activa de las mujeres.

También realizábamos talleres con hombres y mujeres sobre las relaciones de género, y era interesante escuchar a los hombres su reconocimiento de las capacidades y potencialidades de las mujeres, de actitudes discriminatorias que se mantienen en la sociedad y su compromiso de luchar juntos por la equidad. Lejos de causar rencillas entre las parejas que asistían, algunas mujeres contaron que los talleres les ayudaron a mejorar su relación, y veían verdaderos cambios en los maridos frente a las responsabilidades del hogar, en la relación de pareja y en la comunicación con los hijos.

Como mujer cuencana pude comprender mejor la situación de aquellas con quienes trabajaba, sus dificultades para salir adelante, así como sus ansias por cambiar la situación. También ellas sintieron que podían hablar de su situación sin ser criticadas y sin el temor que sienten frente a un público mixto.

El Programa VNU está administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)