Voluntariado es desarrollo
por Alessandro Bartoloni

El voluntario VNU Alessandro Bartoloni (segundo por la derecha), cuya asignación es íntegramente financiada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, durante un seminario sobre desarme al que asistió junto con otros jóvenes y voluntarios VNU. (CINU)El voluntario VNU Alessandro Bartoloni (segundo por la derecha), cuya asignación es íntegramente financiada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, durante un seminario sobre desarme al que asistió junto con otros jóvenes y voluntarios VNU. (CINU)
26 septiembre 2009

Lima, Perú: Desde que estoy en Lima colaborando como voluntario VNU Asistente de Comunicación del PNUD y del programa VNU, me he dado cuenta de que hay muchas formas de ser ‘voluntario’. Hasta hace muy poco, tenía mi propia idea sobre el voluntariado, debido a mi limitada experiencia en un país como Italia.

Pensaba que los voluntarios eran todos gente joven, de buena familia, que se comprometían unas pocas horas diarias para trabajos básicos más bien relacionados con la emergencia y que nada tenían que ver con el ‘desarrollo’. Con el programa VNU he descubierto todo otro mundo.

Se puede ser voluntario a cualquier edad, a los veinte, los treinta y hasta los cincuenta años. Lamentablemente, mucha gente piensa que si somos voluntarios no somos serios, somos ingenuos y hacemos todo esto porque no tenemos nada mejor en que ocuparnos. Pero no es así. Todos los voluntarios y voluntarias VNU consiguen combinar la amabilidad de los “patas” (amigos) con la profesionalidad de los funcionarios de Naciones Unidas. Es difícil que la gente lo entienda a la primera, pero después de muchas reuniones y trabajo duro, se puede lograr.

Claro que la labor de oficina no es lo más emocionante del mundo y los voluntarios VNU que consiguen estar en el campo tienen oportunidad de luchar contra la pobreza de forma más directa. Pero, sin nuestro aporte, que como ratitas estamos frente a la pantalla 8-10 horas cada día, no podrían hacer todo lo que hacen. Porque otra cosa que he aprendido trabajando en Naciones Unidas es que, para construir el desarrollo, también las voluntades se tienen que organizar.

Todos sabemos que la pobreza no la combatimos solos; pero las comunidades que padecen la falta de agua, luz, alimentos, servicios educativos y sanitarios, a menudo tienen una única forma de seguir adelante e intentar mejorar su situación: recurrir al trabajo voluntario. En este sentido, las personas de buena voluntad son necesarias pero, para que sus logros no se oxiden con el tiempo y puedan contribuir al desarrollo sostenible de su comunidad, hace falta ayudarles a organizar y planificar sus actividades, valorando de manera apropiada el aporte de los voluntarios.

Gracias a las actividades de los voluntarios VNU en el sur del Perú, se están alcanzando logros en el ámbito sanitario, educativo y de promoción social que no se podrían conseguir mediante el empleo de trabajo asalariado, porque a ningún privado le resulta conveniente invertir en estos campos de desarrollo, y las autoridades locales a menudo no tienen bastante presupuesto para todas las necesidades.

Además, el programa VNU permite fortalecer el trabajo de todos sus asociados, creando líderes comunitarios, valorizando el aporte solidario de los individuos frente a su comunidad y aportándoles formación técnica altamente profesional que les resultará útil en el futuro.

Antes de empezar mi experiencia en Lima, tuve que leer mucho sobre la dualidad del voluntariado y todo lo que una experiencia así podía dejarme en términos de formación y crecimiento humano y profesional. Antes, ‘inspiración en acción’ era sólo un lema. Ahora, finalmente, se ha hecho realidad.

El Programa VNU está administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)