Voluntarios VNU promocionan la igualdad de sexos y brindan supervisión técnica en Nicaragua
por Urs Bernhard

Urs Bernhard duranto su viaje a lo largo del Río CocoUrs Bernhard duranto su viaje a lo largo del Río Coco
21 noviembre 2007

Nicaragua: El Río Coco, la frontera natural entre Nicaragua y Honduras, es una de las regiones más pobres y más remotas de Centroamérica, a la que en muchos sitios sólo se puede acceder en panga (una canoa hecha con el tronco de un árbol y un motor fueraborda).

Victoria Díaz-García (una becaria del Programa UNV, patrocinada por Irish Aid) y Urs Bernhard (un becario del Programa UNV, patrocinado por el Gobierno Suizo) han realizado el duro viaje de seis días a lo largo del Río Coco para promocionar la igualdad de sexos y para proporcionar supervisión técnica a los indígenas Miskitu, en las comunidades de Raití y Walakitán, situadas en el extremo nororiental del Departamento de Jinotega. En estas dos comunidades, el Programa de Pequeñas Subvenciones (conocido como SPG, por sus siglas en inglés: Small Grants Programm) lleva a cabo dos proyectos con participación de la comunidad, para promover la conservación y uso sostenible, con fines terapéuticos, de las hierbas medicinales utilizadas por los nativos.

El SGP está financiado por el GEF (Global Environment Facility, “Fondo para el Medio Ambiente Mundial”) como uno de sus programas corporativos; su puesta en práctica corre a cargo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y su objetivo es canalizar la ayuda financiera y técnica a las ONGs y a las Organizaciones Comunitarias de Base, para que éstas realicen actividades que conserven y restauren el medio ambiente y mejoren, al mismo tiempo, el bienestar y los medios de vida de las personas.

Tras doce horas en panga llegamos a las 6 de la tarde a Raití, donde nos esperaba un triste espectáculo: un hombre agonizando de tuberculosis era trasladado desde una panga a su casa. Era el mismo hombre con el que habíamos coincidido, a las seis de la madrugada, en Wiwilí, donde está el centro de salud más próximo. El día anterior, este hombre había viajado doce horas río arriba hasta aquel centro de salud, con la esperanza de recibir tratamiento para su avanzada enfermedad pulmonar. Luego supimos que, desgraciadamente, había fallecido. Esta historia ilustra por sí misma las graves dificultades que tienen las localidades remotas para acceder a atención médica urgente, y la importancia que tienen sus métodos curativos tradicionales, dada la falta de servicios médicos.

Los dos programas que Urs iba a supervisar para el SGP se proponían promover la conservación y el uso sostenible, con fines terapéuticos, de las hierbas medicinales tradicionales. La domesticación y conservación de hierbas medicinales con el objeto de producir medicinas tradicionales y el fomento de la capacidad de los curanderos tradicionales son los cimientos de estas iniciativas comunitarias de base. Aunque estas comunidades están situadas dentro de la mayor reserva natural de Nicaragua, es frecuente que se abuse de los recursos naturales, lo que supone un grave riesgo para la biodiversidad de la región y, consecuentemente, para la calidad de vida de sus habitantes. Mediante encuentros y puestas en común, curanderos locales, comadronas, personal de enfermería y especialistas en salud pública refuerzan sus conocimientos sobre gestión sostenible del medio ambiente, complementan sus métodos tradicionales con otros proporcionados por la medicina moderna, y contribuyen a mejorar el sistema de salud y a extender la atención a la biodiversidad en una de las zonas más remotas del país.

En su calidad de oficial de un programa medioambiental, Urs supervisó los proyectos y examinó el progreso de las actividades relevantes, analizó la situación en las comunidades, determinó si las inversiones que se hicieron en el proyecto fueron bien utilizadas, y garantizó que todas las actividades fueran llevadas a buen término por el personal adecuado y dentro del plazo. Junto con todos los participantes del proyecto, se discutieron todas las cuestiones;  las irregularidades y las dificultades se pusieron de manifiesto y fueron solucionadas. Las visitas al lugar de actuación sirvieron como prueba de reciprocidad en cosas tales como la construcción de jardines botánicos o de adquisiciones relacionadas con el proyecto.

En la misma visita, Victoria organizó encuentros para educar en el no-sexismo a las comunidades de Raití, Lakusta, Kayo, Tingni, Walakitan y Aniwas, tratando las cuestiones básicas de la formación feminista, como la diferencia entre “género” y sexo, la creación sociocultural de las “identidades de género”, la distribución sexual del trabajo y sus consecuencias sobre la vida diaria de hombres y mujeres y sobre el trabajo comunitario. Estos encuentros estaban dirigidos sobre todo al grupo formado por miembros locales del proyecto, como curanderos, comadronas, herboristas y demás personas implicadas en la promoción local de la salud, pero también podían participar los dirigentes locales y el público en general.

Estos encuentros forman parte del esfuerzo que realiza el Área de Promoción de la Mujer del PNUD, a fin de resaltar la importancia de la “perspectiva de género” en todos sus programas y proyectos. Como oficial del programa de promoción de la mujer, Victoria tenía la misión de asegurar que los objetivos, los resultados y las actividades para la equidad de género, identificados como “buenas prácticas”, eran incluidos en los programas del PNUD, de los cuales forma parte el SGP. Como Victoria explica, “nos esforzamos para que los miembros del proyecto, los dirigentes locales y la comunidad en general tomen conciencia de la importancia de distribuir los trabajos públicos y privados y la toma de decisiones equitativamente entre hombres y mujeres, a fin de no caer en el tradicional error de los proyectos que sobrecargaban a las mujeres con tareas extra, porque no se reconocía la función que ellas ya tenían en la familia y la comunidad: crianza de los niños, mantenimiento del hogar, trabajos comunitarios, cuidado de ancianos, labores agrícolas, etcétera. Además de esto, también tratamos de romper con el tipo de tareas que tradicionalmente se asignaban a las mujeres en los programas de desarrollo, como sembrar o cosechar, de forma que pueden también acceder a otras tareas tradicionalmente reservadas a los varones, como la toma de decisiones, la comercialización de hierbas medicinales, etc.”

Victoria resume su trabajo como oficial del “Programa Enfoque de Género” con estas palabras: “El género es un programa omnicomprensivo, lo que significa que he tenido la suerte de trabajar en todos los niveles, tanto el local como el nacional, y en todas las áreas de desarrollo en que está implicado el PNUD en Nicaragua: Gobernabilidad Democrática, Medio Ambiente, desarrollo económico, el Programa Especial Costa Caribe y el Programa para el SIDA. ¡Es emocionante! ¡El trabajo es agotador, pero resulta muy gratificante!”

Por su parte, Urs refleja su experiencia como becario del UNV de la siguiente forma: “El Programa de Pequeñas Subvenciones trabaja en el nivel de las comunidades de base, lo cual me permite obtener un profundo conocimiento de los proyectos a pequeña escala. Yo era responsable de la supervisión y de la evaluación, de forma que tuve una excelente oportunidad para viajar hasta las áreas más remotas y trabajar al lado de los socios locales, con el fin de encontrar las mejores soluciones para conseguir una gestión medioambiental sostenible. Pronto regresaré a ver cómo están nuestros proyectos en Río Coco, y a observar cómo el huracán Félix ha golpeado a aquella región, que ya antes era pobre y necesitada”. 

El Programa VNU está administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)