A Erlinda le volvieron los sueños
por Martha Guerrero, Voluntaria de las Naciones Unidas nacional Asociada de Programas

08 marzo 2012

Orellana, Ecuador: Erlinda es una mujer cuya historia es muy parecida a la de muchas familias que habitan en la región de El Coca, a la que llegaron en los años del “boom” petrolero porque sus tierras no les ofrecían sustento. Erlinda vivía como aún viven muchas mujeres de la localidad, que no han tenido acceso a la escuela, que tienen más de cinco hijos, y que llevan una vida llena de soledad, invisibilizadas por la violencia machista.

Conocí a Erlinda el primer día del taller de la Escuela de Liderazgo del Municipio de Orellana, donde yo participaba como voluntaria para ofrecer mis conocimientos en el tema de equidad de género. Erlinda llegó tarde y con apariencia asustada. En voz baja, mientras llenaba el formulario, me preguntó “¿qué pongo aquí, donde dice ‘lugar de trabajo’, si yo no trabajo?”. La invité a reflexionar: “¿y quién tiende la cama?”; “yo”, contestó; “¿y quién lava la ropa?”; “yo”; “¿y quién cocina?”; “yo”…; y así sucesivamente. “Ve como sí que trabaja”, le dije.

Estas reflexiones fueron parte del proceso de la escuela, donde se anima a las mujeres y a los hombres a reflexionar sobre temas como las diferencias de sexo y la discriminación por género, que histórica y culturalmente las mujeres han tenido que afrontar. Además de los roles asignados por la sociedad que perpetúan las diferencias.

Los ejercicios prácticos de uso del tiempo libre realizados en la escuela permiten llegar a una reflexión más profunda, y las historias de vida contadas desde sus experiencias enriquecen las horas dedicadas a tratar este tema. El tema de la violencia basada en género levanta muchos interrogantes y miradas cómplice, experiencias que son socializadas por las mujeres, con lecciones de vida para las participantes.

El siguiente paso es destacar la importancia de contar con presupuestos que permitan a las mujeres realizar propuestas a nivel de barrio y comunidad para proyectos que ayuden a mejorar su calidad de vida. Igualmente, se incentiva a las participantes a que identifiquen las diferencias entre los presupuestos de su vida familiar y local y los presupuestos estatales, para desembocar en la importancia de contar con información detallada de la inversión que se hace en el territorio, desagregada por sexo.

En total, en la Escuela de Liderazgo 38 mujeres y 6 hombres han sido sensibilizados en equidad de género, democracia, participación ciudadana, y capacitados para hablar en público y trabajar en equipo.
 
Para mí ser voluntaria ha significado poder compartir algo de lo que he tenido la oportunidad de aprender, y dedicarlo a otras mujeres y hombres que desean escuchar. Ver el cambio en Erlinda, que cuando ingresó ni siquiera levantaba la cabeza, y que ahora es quien dirige los grupos de trabajo, da ideas e incentiva a sus compañeras me ha dejado una huella imborrable de esta asignación como Voluntaria de las Naciones Unidas.
El Programa VNU está administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)