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Distribución de alimentos tras las inundaciones
por Scarlet Roca
La voluntaria Scarlet Roca cocinando con la señora María Rosas en una de las paradas a lo largo del viaje por río. (programa VNU)Departamento de Beni, Bolivia: Soy voluntaria del programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU) con el Programa Mundial de Alimentos. Tengo 25 años e inicié mi labor en el programa con las inundaciones de 2006-2007 que sufrió el departamento de BENI. Empecé a viajar en mayo de 2007 comenzando por la provincia de Mamoré, con sus municipios San Joaquín, San Ramón y Puerto Siles. La idea era llegar a todas las comunidades con dificultades; se logro visitar el 98% de todas las comunidades de los municipios mencionados, por vía aérea, fluvial y terrestre. Al principio se tuvo que pedir colaboración a los alcaldes y autoridades para poder llegar a las comunidades y evaluar los daños que dejaron las inundaciones; los viajes más difíciles fueron por agua porque se tenía que viajar por el río Mamoré de 7 a 8 días, donde a veces la tripulación estaba formada en su mayoría por hombres, y siempre se nos agotaban los alimentos y teníamos que buscar donde sea para poder pasar el día. A pesar de llevar alimento en la embarcación, como responsable no podía sacar ni un grano de arroz para poder comer, así que teníamos que bajar a las playas y recoger huevos de gaviota o cualquier animal que pudiera servir de alimento y así poder llegar a las comunidades y aportar un granito de arena a toda esa gente que sufre tanto por falta de alimentos. Conocer esos lugares gracias al voluntariado fue lo más maravilloso que me pudo pasar, a pesar de todas las dificultades. Todo ese sacrificio durante el camino era recompensado por el agradecimiento y la alegría de todas las personas necesitadas que esperaban con ansia nuestra llegada. Como voluntaria, he contribuido a la labor del Programa Mundial de Alimentos en el monitoreo y evaluación de los daños y desastres provocados por las inundaciones en el departamento de Beni, y en la preparación para posibles inundaciones y emergencias. Quisiera contar una de mis experiencias de viaje por río. 19 de enero de 2008. Viajábamos en una chalana por el río Yacuma con 2.208 Kg. de alimentos para tres comunidades y 46 familias. Salimos del puerto Junín a las 4 de la tarde y, como siempre, todos los tripulantes eran hombres… Todo parecía ir bien; a las 7 de la tarde llegamos a la boca de uno de los ríos más caudalosos de Beni, el Mamoré. Esa noche descansamos en una comunidad de la provincia de Mamoré, Bella Flor. Al otro día seguimos viaje; teníamos que ganarle al agua porque ya iba a llegar de nuevo la inundación y con más fuerza según los comentarios de los comunarios; todo iba bien, seguimos navegando por los ríos Apere y Mato; al tercer día llegamos a la primera comunidad, San Joaquín del Apere. Nos recibieron muy bien, con carne fresca de animal del monte para comer. Al otro día empezó lo mas complicado del viaje: teníamos que entrar en el río Maniquisito, que a pesar de haber empezado ya la inundación, el río no tenía mucho agua y no era muy navegable por los troncos y árboles que hay en medio del río; cada rato nos chocábamos con los gajos y caían a la embarcación toda clase de insectos; los peores insectos eran las hormigas porque caían ardiendo como fuego en nuestra piel. A pesar de de todo eso, seguíamos navegando bajo el sol, porque la embarcación ya no tenía techo, se lo llevaron los gajos y las ramas de los árboles; empezó a escasear el agua y al tercer día se acabó, así que teníamos que tomar del río… a mí me parecía que estuviéramos tomando chocolate con leche. Al final llegamos y distribuimos los alimentos hasta la última comunidad. Nos tocaba regresar otra vez por el mismo calvario, pero esta vez fue peor porque empezó a llover y la embarcación no tenía techo. La tormenta era demasiado fuerte y los alimentos se acabaron. Por si esto fuera poco, en una rama que atropellamos había una víbora enroscada, precisamente en el lugar donde yo iba sentada… Yo por suerte me agaché, pero cuando levanté la cabeza y la vi, me asusté muchísimo. Pero eso no fue lo peor. Cuando entramos en el río Mamoré, el agua había subido un metro sobre el barranco; entramos en la boca del Mamoré y el Yacuma y, como el Mamoré arrasaba con todo lo que pillaba al paso, nosotros nos chocamos en plena boca con un tronco; como la embarcación ya estaba vacía, casi nos volcamos. Gracias a Dios, todo salió bien y llegamos a Santa Ana el 31 de enero a las 9 de la noche. |
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