Entusiasmo frente a las dificultades
por Juan José Leal

Juan José Leal (izquierda), voluntario VNU español, durante un taller de evaluación con los voluntarios culturales de Taulabé. (Programa VNU)Juan José Leal (izquierda), voluntario VNU español, durante un taller de evaluación con los voluntarios culturales de Taulabé. (Programa VNU)
09 agosto 2010

Tegucigalpa, Honduras: Soy un español que trabaja en el Programa Conjunto “Creatividad e Identidad Cultural para el Desarrollo Local” desde su inicio en junio de 2008. Es una iniciativa de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Con una duración prevista de tres años, en el Programa intervienen de forma interagencial la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Organización Mundial del Turismo (OMT), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU).

Apostar por la cultura como motor de desarrollo no debía suponer un reto puesto que la relación entre ambas no deja lugar a dudas. Pero intervenir en cultura en un país en desarrollo recientemente considerado de renta media sí podría contar con ciertas piedras en el camino.

Más complejo todavía parecía poder involucrar a personas que quisieran trabajar en cultura sin esperar una compensación económica a cambio, únicamente con el convencimiento de que sus ilusiones se verían recompensadas al ver cómo la población de su región y de la comunidad en la que viven es beneficiada por sus esfuerzos.

A ese respecto pienso que para optar por el voluntariado son necesarios dos factores: una persona que quiera invertir su tiempo en “algo” de forma desinteresada, y una realidad, ese “algo”, en el que intervenir. Las opciones son muchas, tantas como personas y realidades: medio ambiente, salud, educación y un largo etcétera. Pero ser voluntario/a cultural en Honduras tiene mucho mérito.

Yo me preguntaba al principio, ¿para qué querrá un hondureño/a ser voluntario/a cultural? Llegué al país pocos días antes del inicio del Programa Conjunto, pero enseguida me di cuenta de que la Cultura es un “algo” olvidado y marginado. Pero mi trabajo como Coordinador de Voluntarios en el Programa Conjunto, lejos de frustraciones y sinsabores, se convirtió en un ejercicio que pasó del mayor de los agnosticismos a una creencia y convicción absolutas.

En Honduras son muy pocos los gestores culturales que existen. Las actividades artísticas eran muy pocas a pesar de la riqueza cultural del país, y lo más importante, el apoyo presupuestario para cultura de los distintos gobiernos y legislaturas iba en alarmante disminución.

Pero a pesar de todas estas dificultades, han podido más las ganas de la gente que los obstáculos. Es admirable comprobar en persona cómo la gente decide optar por un voluntariado, en cultura, cuando lo más fácil era pasar el tiempo con sus familias o amigos haciendo otra cosa, o en sus casas descansando, u otro tipo de voluntariado…

Ser voluntario/a sólo exige un requisito: entusiasmo. El programa VNU, dentro del Programa Conjunto, se propuso entonces a darle forma a este tipo de voluntariado cultural. Ahora mismo siete voluntarios VNU nacionales se encuentran en siete regiones del país reclutando voluntarios y voluntarias y consolidando este grupo de personas.

Un año y medio después ya existen grupos de voluntarios/as formados y consolidados en cada una de las siete regiones del país, casi la totalidad de Honduras. Cada grupo cuenta con sus planes estratégicos, carnés, fichas, actas y reglamentos internos. Predominan los jóvenes de ambos sexos pero el perfil es muy heterogéneo.

Las actividades que realizan en sus municipios son muchísimas y variadas, muy bien vistas por la población, y pueden surgir como iniciativa de los propios grupos, en las que otras instancias intervienen, o siendo los propios grupos los que colaboren y se sumen a un determinado evento ya existente. Dos importantes desafíos nos quedan todavía por delante: el trabajo en red de estos grupos, y la sostenibilidad de los mismos.

El desempeño de mis siete compañeros voluntarios VNU nacionales ha sido intenso en todo el período hasta la fecha, pero el secreto del trabajo y la mayor de las satisfacciones ha sido comprobar cómo los propios voluntarios culturales han sido dueños y se han apropiado del proceso. Nosotros nos convertíamos en meros facilitadores para que estos grupos, aun con distintos ritmos y diferentes motivaciones de inicio, se unieran en un bien común, la cultura en Honduras.

El Programa VNU está administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)