Asistencia alimentaria para los refugiados de Chad

20 junio 2013
Zo Eorintany, natural de Madagascar, es una Voluntaria de las Naciones Unidas que colabora con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Iriba, al este de Chad, desde julio de 2010. Antes de trasladarse a Chad, llevaba ocho años trabajando con el PMA en su país. “Sentía que podía ser útil en otros lugares en los que hubiese gente aún más necesitada”, explica.
La Voluntaria de las Naciones Unidas Zo Eorintany (derecha), sentada con mujeres refugiadas durante la distribución de comida en el campo de Amanabak al este de Chad. (Badre Bahaji/Programa VNU, 2013)

Iriba, Chad: Zo Eorintany, natural de Madagascar, es una Voluntaria de las Naciones Unidas que colabora con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Iriba, al este de Chad, desde julio de 2010. Antes de trasladarse a Chad, llevaba ocho años trabajando con el PMA en su país. “Sentía que podía ser útil en otros lugares en los que hubiese gente aún más necesitada”, explica.

Zo se licenció en Derecho y soñaba con convertirse en juez. Sin embargo, su camino cambió de rumbo cuando se integró en el PMA en 2002. “Creo de verdad en lo que hace el PMA porque proporcionamos asistencia alimentaria directamente a los refugiados”.

Recuerda el día que llegó a Iriba: “Lo único que vi desde el avión fueron unas pocas casas en medio del desierto. Al provenir de un entorno distinto, tuve que esforzarme para conseguir adaptarme. Aprendí árabe para acercarme a la población, para demostrar que era una persona abierta capaz de integrarme y de trabajar duro con la comunidad. Al principio la gente me miraba con recelo, pero ahora me conocen todos en la ciudad”.

Como responsable del programa de asistencia alimentaria, Zo coordina y realiza el seguimiento de las diferentes actividades organizadas, entre las que se incluye la capacitación del personal y de los colaboradores. Después de casi tres años, sigue desarrollando su labor voluntaria de forma apasionada.

“Proporcionamos asistencia alimentaria directamente a 68.000 refugiados distribuidos en tres campos de refugiados”, explica Zo. “Organizo actividades nutricionales para las mujeres y los niños con el fin de prevenir la malnutrición y reducir la mortalidad infantil. También coordino el programa de alimentación escolar. En el área bajo mi responsabilidad, el PMA presta apoyo a 28 escuelas, proporcionando alimentos energéticos todos los días del curso a 6.000 niños”.

Vivir en un campo de refugiados no es fácil y Zo admira el coraje de sus habitantes. “La gente es muy activa y abierta y ha desarrollado auténticas estrategias de supervivencia. Muchos hombres y mujeres gestionan pequeños negocios o crían animales, lo que les proporciona algunos ingresos. La mayor parte del personal educativo y sanitario está compuesto por refugiados, que nos ayudan en la distribución de la comida”.

El sueño de Zo de ayudar a personas que lo necesitan se ha hecho realidad gracias a su labor como Voluntaria de las Naciones Unidas. “Ser capaz de comprender las expectativas de la gente y sus necesidades proporciona una gran satisfacción personal y profesional”.

Su gran interés y larga experiencia como voluntaria con las comunidades pobres de su país le han proporcionado las habilidades necesarias para llevar a cabo de forma eficiente su actual misión en Chad.

Biografía: Zo está licenciada en Derecho y Administración de Empresas. Adora los retos e intenta siempre mostrarse creativa cuando se encuentra al servicio de los demás.


Artículo traducido del inglés al español por la Voluntaria de las Naciones Unidas en línea Beatriz Vega, a través del servicio Voluntariado en Línea del programa VNU

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