Comprometerse con un cambio que es posible

14 noviembre 2011
Día a día, los Voluntarios de la ONU estamos expuestos a realidades desafiantes y a personas en situaciones de vulnerabilidad que tienen una gran necesidad de atención y apoyo. El voluntariado genera vínculos de confianza y lazos de solidaridad entre las personas y nos permite comprometernos con un cambio social significativo.
María Eliana Barona (derecha) trabaja como Voluntaria de las Naciones Unidas Asistente de Programas con ACNUR en Lago Agrio. (Programa VNU, 2011)

Lago Agrio, Ecuador: “¡Espere!” me llamó la atención un niño mientras caminaba en un barrio de Lago Agrio durante el Día Mundial del Refugiado, “estamos haciendo una minga para recoger la basura y que nuestro barrio se vea más bonito, ¿nos ayuda?”. Me tomó de la mano y me llevó al lugar en donde estaban reunidos niños ecuatorianos y colombianos.

En este barrio urbano marginal, que acoge a un 20 por ciento de población en situación de refugio, esta minga, o antigua tradición de trabajo o actividad comunitaria con fines sociales, permitió integrar a los miembros del barrio, sin distinción por su nacionalidad o situación migratoria, para participar en una actividad solidaria que les dio un espacio para contribuir con la mejora del lugar que les acoge.

Muchas veces las oportunidades para hacer voluntariado están más cerca de lo que nos imaginamos y las herramientas más valiosas que tenemos son la energía y ganas de cooperar y el compromiso para hacer un trabajo en equipo. Puede ser de manera informal, en un barrio un día soleado, o puede ser como parte de mi trabajo formal, al desempeñar las funciones de Asistente de Programas en la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Lago Agrio.

La enriquecedora experiencia de ser Voluntaria de las Naciones Unidas nacional me ha permitido contribuir con el fortalecimiento de las capacidades de ONG nacionales para la implementación de proyectos de apoyo comunitario que permitan la integración de refugiados.

Este año he aprendido que el valor del voluntariado debe ser reconocido por barrios, instituciones privadas y públicas y debe ser inculcado a niñas y niños como una actividad no solo gratificante sino también necesaria, con miras a la realización de cambios de una realidad que se debe mejorar y cambiar. Adicionalmente, el voluntariado recoge actividades de integración que generan vínculos de confianza y lazos de solidaridad entre las personas, y nos permite comprometernos con un cambio social significativo.   

Paulo Freire, el educador latinoamericano, lo dice con su frase: "No es posible un compromiso verdadero con la realidad y con los hombres concretos que en ella y con ella están, si de esta realidad y de estos hombres uno tiene una conciencia ingenua. No es posible compromiso auténtico si, al que se piensa comprometido, la realidad se le presenta como si fuera algo dado, estático e inmutable".*

Día a día, los Voluntarios de las Naciones Unidas estamos expuestos a realidades desafiantes y a personas en situaciones  de vulnerabilidad que tienen una gran necesidad de atención y apoyo. Así nos volvemos más conscientes de que, día a día, también tenemos oportunidades de involucrarnos y comprometernos verdaderamente con un cambio que es posible.


*Fuente: Freire, Paulo, "Educación y Cambio", Ediciones Búsqueda, Buenos Aires.

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