Un Voluntario de la ONU financiado íntegramente por Corea ayuda a Timor-Leste a adoptar acciones climáticas

13 marzo 2017
Sung-gil
Es significativo que la primera imagen que le viene a la mente al Voluntario de las Naciones Unidas Sung-gil al evocar Timor-Leste sea el calor sofocante que sintió al bajarse del avión procedente de su país de origen, Corea, y pisar el asfalto del aeropuerto de Dili. Aquel día de febrero de 2016, Sung-gil se presentó a su misión como Voluntario de las Naciones Unidas Especialista en Medio Ambiente con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
UNV_Sung-gil Lee working for climate action and planting trees in Timor-Leste
Plantar árboles es solo una de las numerosas acciones climáticas que el Voluntario de la ONU Sung-gil Lee (de rodillas) realiza en calidad de Voluntario de la ONU Especialista en Medio Ambiente con el PNUD en Timor-Leste. La misión de Sung-gil en el marco del programa VNU está íntegramente financiada por el gobierno de su país, Corea. (Programa VNU en Timor-Leste, 2017)

Pronto estaría llevando a cabo un sinfín de tareas encaminadas a ayudar a los timorenses a adoptar acciones frente al calentamiento global.

Como Voluntario de la ONU Especialista en Medio Ambiente, íntegramente financiado por el Gobierno de Corea, Sung-gil trabaja para la Unidad de Desarrollo Sostenible del PNUD en Timor-Leste. “Mi labor consiste en [determinar] cómo garantizar la sostenibilidad medioambiental de Timor-Leste”, explicó Sung-gil. “Esto incluye apoyar la ejecución de proyectos medioambientales en curso y evaluar nuevas políticas y cuestiones de desarrollo en Timor-Leste con el fin de destacar posibles preocupaciones medioambientales, e identificar y formular nuevos desafíos medioambientales”, continuó.

Tarea nada fácil teniendo en cuenta que Timor-Leste es uno de los países más jóvenes del mundo. Instauró su gobierno independiente en 2002 y afronta una serie de dificultades que abarcan desde la pobreza hasta la degradación medioambiental.

Pero el voluntario coreano no llegó con las manos vacías; Sung-gil traía consigo a su misión siete años de experiencia trabajando para una ONG medioambiental firmemente comprometida con la protección del medio ambiente a escala mundial. Había ayudado a la ONG a abordar diversas cuestiones medioambientales, entre ellas, la gestión sostenible del suelo y la lucha contra la desertificación.

“Timor-Leste es uno de los países más vulnerables al cambio climático”, afirmó Sung-gil. “El cambio climático amenaza a los timorenses debido a la escasez de agua y al aumento del nivel del mar. El proyecto del PNUD centrado en la resiliencia costera tiene por finalidad proteger su litoral y mejorar las condiciones de vida locales mediante la restauración ecológica de los manglares”.

A pesar de ser un país joven que afronta múltiples desafíos, Timor-Leste cuenta con muchos voluntarios apasionados y ONG comprometidas. Están haciendo todo lo posible por lograr cambios en el país.

Sung-gil viajó por todo el país con su equipo del proyecto, donde los encuentros con numerosos lugareños le enseñaron no solo a realizar el seguimiento de la ejecución de los proyectos y evaluarlos, sino también cómo alcanzar acuerdos entre personas con diferentes orígenes y niveles de conocimiento. “Esas conversaciones me ayudaron a comprender cómo las Naciones Unidas desarrollan su labor en colaboración con diversas partes interesadas a distintos niveles”, explicó.

A causa de la pobreza predominante y los elevados precios de los combustibles importados, como el queroseno y el gas natural, la mayoría de los timorenses todavía dependen en gran medida de la leña para cocinar, lo que constituye una de las principales causas de deforestación y degradación del suelo.

“Los timorenses emplean cocinas tradicionales de tres piedras que producen una cantidad significativa de humo y consumen mucha leña”, describió Sung-gil. “Esto no solo empeora la salud de las mujeres y los niños que pasan mucho tiempo en la cocina, sino que también acelera la degradación de los bosques”.

Por ello, en colaboración con autoridades y ONG locales, Sung-gil y su equipo del PNUD en Timor-Leste intentan distribuir cocinas mejoradas que consumen menos combustible, y promueven briquetas ecológicas elaboradas a partir de papel usado, cáscaras de café y residuos orgánicos. “En un acto dedicado a la plantación de árboles para salvar una escuela primaria de un posible deslizamiento de tierra, y mientras plantaba en compañía de jóvenes voluntarios y estudiantes locales”, continuó, “pude ver esperanza en sus rostros”.

“De mi experiencia en el programa VNU en Timor-Leste he aprendido que, si se les da la oportunidad, las personas harán todo lo posible por labrar un futuro mejor”, expuso Sung-gil, concluyendo, “estoy muy orgulloso de ser un Voluntario de la ONU que ayuda a los timorenses a desarrollar sus posibilidades y a construir un futuro limpio y verde”.


En 2016 el programa VNU desplegó 6.590 Voluntarios de las Naciones Unidas en 126 países, de los cuales unos 418 fueron financiados por los asociados del Programa de financiación íntegra del programa VNU. La República de Corea financió a 60 Voluntarios de la ONU, un número que se duplicará en 2017.


Artículo traducido del inglés por la Voluntaria en línea ONU Zarina Riva García.