Kosovo

Con una concentración tranquila, Hateme Krasniqi, una mujer ashkalí en mitad de la treintena, mantiene los ojos fijos en la punta de su lápiz mientras dibuja con esmero una letra tras otra para deletrear su nombre: “HATEME”. Hoy, está envuelta en su abrigo de invierno mientras una llovizna helada cae fuera. Las manos de Hateme están frías y rojas, pero son cada vez más expertas en escribir su nombre. Pero esto es algo muy nuevo –y muy emocionante– para esta madre de seis hijos del barrio ashkalí marginado de Fushe Kosova, en Kosovo.

08 marzo 2014
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